martes, 12 de enero de 2010

Corre, Rocker. (27)


Lo que me hace reaccionar es una especie de cólera pura, más contra la apresurada voluntad de incomprensión que contra la mezquindad. Mi paciencia se ha acabado. Los más obtusos creadores de lazaretos creen que la negativa de algunos a la manipulación se debe a una incapacidad de practicarla y no a una elección libre de su temperamento. Ese panorama de confusión ha provocado que conceptos positivos como "ingenuidad" e "inocencia" se hayan connotado con significados que transmiten casi imbecilidad. Al mismo desgraciado fin se está empujando a palabras tan imprescindibles como "nobleza" e "idealismo".
Yo (pausa solemne), soy el rey de las palabras. Este manuscrito así lo indica. Bienvenidos a mi reino. No es ncesario que fuera de este ámbito imaginario se reconozcan mis derechos a la corona. Como todo texto, está escrito por un obseso, por un pequeño loco, pero (has de reconocerlo, lector) si se quiere seguir adelante no queda más remedio que aceptar ese vasallaje cómplice. Luego, como en casi todos los casos, si el boca a boca aprueba mi manera de imaginar el mundo que he habitado, me convertiré en tu esclavo. Voy a hacer una recreación del trueno y no pienso repetirla. Se acabaron las buenas maneras.
De lo que sucedió a continuación pueden dar fe las hemerotecas. Aprovechando mi columna de ABC, publico un artículo en el que anuncio mi marcha del grupo, el fin de una época, y señalo todo lo que me disgusta del entorno, del negocio de la música y de mi propio grupo. Completo mi posición con varias entrevistas en diversos medios de prensa que desbordan la soberbia y orgullo a partes iguales. La atención que los medios especializados nacionales muestran por la polémica señala la madurez y (¿por qué no?) la integración del universo de cultura pop que heredamos de nuestros mayores. La euforia de hallarme en plena posesión de mi salud y facultades añadió potencia a la iniciativa discrepante. El disco de despedida, que recogía versiones en directo de muchas de mis canciones de la época anterior, se disparó hacia cifras de ventas que nunca más se repitirían en la trayectoria del grupo. Ese golpe de suerte me permitió afrontar, con la tranquilidad del colchón económico de los derechos de autor, el futuro estimulante pero incierto que me esperaba.

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