sábado, 17 de octubre de 2009
viernes, 16 de octubre de 2009
jueves, 15 de octubre de 2009
Español de a pie
"Lo que tenía que encontrar era lo de siempre: la sensibilidad del hombre de la calle, que se llama el español de a pie cuando se habla de política. Es decir, una entidad difusa, roma, estúpida y carente de interés. Un arquetipo despreciable por su ausencia de valores nobles, de cultura, de chispa, al que los analistas políticos aluden en general como si se tratara de un colectivo de personas que tuviera algún valor que conservar. Cuando un periodista reclama la necesidad de dirigirse a tan siniestro personaje, no está haciendo otra cosa que la peor clase de populismo. El hombre de la calle es objeto de adoración y, al mismo tiempo, todo aquello que nadie quiere ser; ni siquiera es un antihéroe, es, sencillamente, un no-héroe."
Jorge M. Reverte
Diagnóstico.
Columna de Ángel de la Fuente en El Periódico de Catalunya.
La economía española presenta dos desequilibrios que complican mucho nuestra situación. El primero es un elevadísimo déficit por cuenta corriente, que se sitúa en torno al 10% del PIB. La enorme diferencia entre lo que compramos y lo que vendemos fuera ha de financiarse con capital extranjero, lo que resulta cada vez más difícil y nos deja en una situación muy vulnerable en el contexto actual.
El segundo es la hipertrofia del ladrillo. En 1995 el sector de la construcción representaba un 6,9% del PIB y un 9,5% del empleo español. En 2007, estas cifras se habían elevado en un 50% hasta alcanzar el 11% del PIB y el 13,9% del empleo, lo que supone en torno a 2,7 millones de puestos de trabajo a los que habría que añadir un buen pico en otros sectores muy dependientes de la venta de viviendas.
Simplificando mucho, una parte importante de nuestro problema actual es que tenemos a 1 millón o 1,5 millones de personas produciendo cosas invendibles. El reto consiste en trasvasarlas a otras actividades que puedan ser viables a largo plazo: en que dejen de hacer casas y muebles de cocina que el mercado no puede absorber y empiecen a producir bienes y servicios de mayor valor añadido que podamos vender fuera a precios competitivos.
Casi nadie niega ya que en la situación actual es necesaria una política fiscal expansiva que ayude a sostener la demanda y el empleo. El Gobierno ha tomado medidas urgentes en esta dirección, entre las que destaca un fuerte incremento de la inversión pública que se canalizará en buena medida a través de los ayuntamientos. El impacto de estas medidas será seguramente positivo pero, puestos a gastarnos muchos miles de millones luchando contra la crisis, conviene no perder de vista el diagnóstico que acabo de esbozar. Si nos gastamos toda la pólvora en poner a la gente a hacer zanjas, dentro de un par de años seguiremos teniendo los mismos problemas de fondo y una situación fiscal mucho peor.
Hoy por hoy, un aumento del gasto público es sin duda necesario pero, para que sea efectivo a largo plazo, debe ser parte integral de una estrategia bien pensada para avanzar hacia una economía más competitiva.
¿Es Celestino Corbacho un pasota?
miércoles, 14 de octubre de 2009
martes, 13 de octubre de 2009
Enrique Fuentes Quintana
palabras del responsable de Economía en el primer Gobierno de la democracia española, año 1.977.
Centro
Sabino Méndez, en La Razón.
Hay escritores a los que todos hemos estudiado en el colegio, admirado su sabiduría, reconocido su autoridad moral y nunca más hemos vuelto a leer en la vida. Uno de esos escritores es Mariano José de Larra, de quien esta semana precisamente se cumplieron doscientos años de su nacimiento. Cuando empezaron a encargarme artículos, con una inseguridad absoluta ante un género (el columnismo) que desconocía por completo, lo primero que hice fue buscar ayuda y ejemplo en otros escritores. ¿A quién recurrí? A Cicerón y Larra, por supuesto. Fue un festín delicioso. Descubrí que ambos conservaban una modernidad envidiable porque hablaban de pasiones y errores humanos y esos siguen inmutables desde Homero. El mundo es muy antiguo y el hombre muy viejo.
Pero Larra, además, buscaba siempre el punto de vista del hombre sensato; aquel que piensa que hasta el asunto más endiablado puede solucionarse debatiendo, sin llegar a las manos. Leyéndolo se aprende muchísimo. Uno ve que Larra habría estado muy cómodo hoy en día entre aquellos que en la globalización no ven una amenaza sino la posibilidad de una globalización de lo razonable.
Hoy, cuando un mejor reparto de la riqueza empieza a ser técnicamente posible, Larra hubiera tenido un trabajo más estimulante ante él. Como muestra en sus artículos, hubiera estado a favor del uso rectilíneo del significado de las palabras y hubiera preferido la palabra aborto en lugar del aséptico eufemismo que supone «interrupción del embarazo». Pero, usando ese mismo criterio, también hubiera preferido llamarle feto al feto. Así se habría enfrentado a los terribles problemas de la vida y la naturaleza con ponderación, sin ser un enfático gesticulante o un drástico. O sea, un tipo centrado.
lunes, 12 de octubre de 2009
domingo, 11 de octubre de 2009
Lenguas y Enseñanza
Artículo de Xavier Pericay, en ABC.
«PISSARRA», como su nombre indica, es una pizarra. Pero no es sólo eso. Al menos en Baleares. Y es que allí «Pissarra» también es la revista del STEI, o sea, del Sindicat de Treballadores i Treballadors-Intersindical de les Illes Balears. Como seguramente ya habrán adivinado, una organización sindical que posee un órgano de comunicación llamado «Pissarra» no puede dedicarse más que a la enseñanza. Con todo, el STEI, que se define como un sindicato asambleario, de clase, ecologista, internacionalista, feminista y nacional -es decir, partidario del derecho de autodeterminación de Baleares, lo que conlleva (traduzco, claro) «la plena reivindicación y expansión de la lengua catalana como un elemento esencial de la mejora de la clase trabajadora de las Islas»-, también admite afiliados procedentes de otros sectores.
Aun así, a qué engañarnos, STEI remite básicamente a enseñanza. A enseñanza pura y dura. Para entendernos, el STEI es a Baleares lo que la USTEC a Cataluña: un sindicato con sus intereses particulares, pero, ante todo, una eficaz correa de transmisión de un interés mayor, el nacionalismo, felizmente gobernante allí como aquí. A nadie debería extrañar, en consecuencia, que la «Pissarra» a que aludíamos al principio refleje a las mil maravillas ese estado de cosas. Para muestra, su número más reciente, correspondiente al último trimestre de 2008. Dejemos a un lado las derivas igualitaristas, ecologistas, feministas, clasistas e internacionalistas y centrémonos, si les parece -espacio obliga-, en lo que constituye la perla de la revista.
Me refiero al artículo de Til Stegmann -abanderado de la lengua (y no precisamente alemana), cruz de Sant Jordi y premio Ramon Llull, entre otros méritos- titulado «Plurilingüisme o només angl_s? L´educació lingüística a l´escola». Tal vez porque el hombre ha dedicado su vida entera a esto, el texto ocupa siete páginas de la publicación -bien es verdad que la bibliografía, casi toda del propio autor, se lleva ya más de una página-. Pero lo esencial se encuentra justo al principio. Tras afirmar que el estudio del inglés no puede sino ir en detrimento del aprendizaje de las demás lenguas, Stegmann invita al lector -es decir, al enseñante balear- a quitarse de la cabeza esa idea de que hay que hablar una segunda lengua para poder comunicarse algún día con el prójimo. Según él (vuelvo a traducir), «esa idea es un formalismo puramente abstracto (...). Podemos convivir muy bien reduciendo nuestro horizonte de comunicatividad». Además, «el inglés es la lengua de Estados Unidos y de la propaganda americanizadora que se está comiendo el mundo», por lo que hay que renunciar a su aprendizaje y proponer, en todo caso, una lengua menos poderosa y menos peligrosa «para la libertad mental de la humanidad».
¿Y cuál debe ser, a su juicio, esa segunda lengua medio inútil, de andar por casa? Cualquiera. Es decir, todas y ninguna. Menos el inglés, claro. Y menos el catalán, que por algo es la primera y suprema. Así las cosas, Stegmann, ¿por qué no prueba con el castellano? Vamos, hombre, que hasta puede que los niños la entiendan.
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