lunes, 7 de septiembre de 2009

Del latín a la tele


Carmen Rigalt en El Mundo


La primera palabra que se me atragantó del castellano fue «pies». Creía que los pies, como las tijeras, eran dobles por naturaleza y traté de formar un plural distinto. No reproduzco la palabra resultante para no dar ideas. El recuerdo de aquel aprendizaje es confuso, pero he logrado hilvanarlo a partir del relato que me han trasladado mis mayores, testigos de los hechos.

Lo que voy a contar puede ofender a más de uno, así que pido perdón por adelantado. Verán: soy bilingüe. Es decir, hablo dos lenguas. Mejor una que otra, aunque habrá quien piense que hago aguas por las dos. Aprendí a balbucear en catalán, lengua hecha de latinajos y localismos, de televisión y calle. No nos engañemos: más o menos como el castellano. Mi catalán era una mezcla del catalán de mi abuela y el catalán urbano, chusco, ofensivo, con acento abombado y abundancia de palabras adaptadas del castellano. Los catalanistas de la ceba (o sea, del núcleo duro de la cebolla) nos corregían las palabras de uso corriente que habían sido devoradas por el castellano.

Recuerdo las más emblematicas: bustia por buzón, entrepá por bocadillo, endoll por enchufe y cognom por apellido. Hacíamos mucha broma con esas palabras porque sonaban impostadas y nadie las pronunciaba sin ruborizarse. La política lingüística tuvo que emplearse a fondo para hacer frente a aquellos pudores y empezar practicamente de cero.

Fruto de los primeros años de normalización fue un catalán tan extraño que parecía otro idioma. El catalán de la tele, lo llamaba yo. Se caracterizaba por una presencia exagerada de endolls, cognoms, entrepás y bustias, pero también por la irrupción de vocablos irreconocibles. Los linguistas se aplicaron a fondo y no pasaban una. Una vez cortaron una grabación de TV3 en la que yo participaba porque, según ellos, había deslizado un barbarismo. Consultado el diccionario no resultó ser tal barbarismo, sino una palabra del catalán más clásico: el de mi abuela. Con los años, el catalán de mi abuela ha caído casi en el olvido, pues la cotidianidad me ha llevado a nombrar cosas diferentes a las que entonces formaban partes de nuestras vidas. Eso sí: me ha servido para leer a Pla, disfrutando de la riqueza de sus adjetivos.

Cunden ahora los desplantes hacia la política lingüística de la Generalitat. Exageran, sin duda. Pero de la misma forma que yo pude leer a Pla en catalán, me gustaría que los catalanes del futuro pudieran leer a García Márquez en castellano.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Cuando las barbas de Flandes veas pelar, pon las tuyas a remojar.


Flandes ha reavivado el endémico conflicto regional que fractura Bélgica con una nueva legislación polémica, que restringe la adquisición de suelo para uso residencial a los habitantes de la región, con el objetivo de frenar lo que se considera una creciente "invasión" francófona de su terrirtorio.
Resumiendo, es como si a un sevillano le pusieran problemas al comprar un apartamento en Salou. De momento en Catalunya no hemos llegado a esta locura, pero cuando veas las barbas de Flandes pelar, pon las tuyas a remojar.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

El técnico normalizador


Jesús Royo en La Voz Digital




En esta comedia de la Normalización Lingüística (NL), juntamente con el profesor de catalán hay otra figura estelar: el técnico normalizador (TN). Si la figura del profesor es dramática, la del TN resulta francamente patética.

El TN es el nacionalsociolingüista por excelencia. Vive firmemente convencido de que bajo su acción se esparce el principio luminoso de la catalanidad, y todo el tejido social queda impregnado benéficamente de él. Comienza el día empuñando el maletín lleno de prospectos, trípticos y datos estadísticos, donde se cantan las excelencias de la NL. Con paso firme y decidido se va a hacer la visita del día, venga. Hoy quizá toca alguna industria, un comercio o alguna entidad cultural o deportiva. El objetivo no puede ser más loable: normalizar la entidad, hacer que abandone el castellano y se pase al catalán. ¡Santa y noble misión! ¡Admirable tenacidad, meritoria insistencia, la del TN!

¿Cómo se debe vender la NL? ¿Qué argumentos se deben utilizar, qué estira-y-aflojas se deben producir, con qué resistencias se deben encontrar? Me imagino el hilo conductor de la argumentación: “el castellano es el pasado, la rutina, la prehistoria; el catalán es la innovación, el prestigio, el futuro”. Si el empresario resulta escéptico en el terreno de los principios, el TN pisa el acelerador: “el cambio de lengua se asociará a una imagen nueva más dinámica y solvente. Sin duda –las estadísticas lo demuestran– eso incrementará las ventas”. Y finalmente está el apoyo decidido del Govern de la Generalitat, en forma de programas informáticos gratuitos, renovación gratuita de carteles e impresos, subvenciones, líneas preferentes de crédito, exenciones de tributos y rebajas varias. Y para rematar la jugada, si es preciso, siempre se puede ofrecer una condecoración acreditada: por ejemplo, una Creu de Sant Jordi. Definitivo.

Delante de argumentos tan convincentes, el empresario que no se normaliza bien puede ser catalogado como 'empresario recalcitrante' en la base de datos correspondiente. Podría, llegado el caso, ser objeto de otra clase de presiones, en forma de adhesivos y pintadas alusivas a su fervor nacional más bien escaso.
Pero eso es excepcional. Normalmente, todas las empresas se suman con entusiasmo a la causa. “He visto la luz”, declara el empresario normalizado, mientras se le pone cara de budista devorador de zanahorias, radiante de felicidad y de reencuentro consigo mismo. El TN vuelve al Consorcio con la mirada serena, el mentón decidido y la sonrisa en los labios por la satisfacción del trabajo hecho. Hemos cubierto otro objetivo, hemos dado un paso al frente. En la lista de empresas ya tenemos otra con la C de catalanizada. Éxito.

domingo, 23 de agosto de 2009

La capacidad intelectual de España ha disminuido.

Hay profesores y hay maestros, en un momento de mi vida me encontré con alguien que "enseñaba" con todo lo que esa palabra supone. Con él aprendí Historia Medieval, pero aprendí mucho más. Me acuerdo cuando nos explicaba que los vikingos practicaban la "economía del pillaje", es decir robarse los unos a los otros, pero manteniendo un equilibrio. O cuando explicaba que en la historia los problemas hacen una parábola y que o se solucionan o se vuelven a repetir...consejos de un historiador, válidos para la política.
Es un placer, para mí, invitaros a leer la entrevista que ha hecho La Razón, a mi "maestro", José Enrique Ruiz-Domènec.



José Enrique Ruiz-Domènec ¿ Catedrático de Historia Medieval Mil páginas sin notas ni gráficos, y, sin embargo, es quizá la historia de España más accesible, narrativa y amena de cuantas se han escrito: «España, una nueva historia» (Gredos) es la obra culminante del catedrático José Enrique Ruiz-Domènec, uno de los historiadores más brillantes de la depauperada universidad española. Su dominio de la anécdota le sirve para analizar nuestro devenir desde el factor humano, de la romanización a los cafés literarios, a lo largo de dos mil años tragicómicos.




-¿Contar la historia de España? ¡Se ha vuelto loco! -Parece una osadía, sí, y más si el libro va desde 211 a. C. hasta 1939. Hasta hoy flota en el ambiente la pregunta «¿qué es España?», cuando ahora es más pertinente preguntarse: «¿Dónde está España?». -Habla de la vida cotidiana, de la cultura... -Cuando contamos microrrelatos, entendemos mejor el macrorrelato. He escrito este libro como un novelista. Me enseñó a hacerlo mi maestro, George Duby. Es la primera historia de España hecha desde el prisma de la Nueva Historia. -Difícil tarea: no es usted un hispanista inglés. -Sí, da la sensación de que para escribir historia de España debes tener un apellido exótico o hacerlo desde el exilio. Pero si eres un catedrático español que va por libre, como yo, es más difícil que se acepte tu obra. De momento, ya me han acusado de escribir un libro demasiado tolerante. -Antes se hablaba mucho de los males de España. ¿Usted qué dice? -Uno de nuestros males eternos es que, cuando hay que elegir entre dos caminos, España elige siempre el equivocado. Así, nuestra historia es una historia de comienzos: se empieza desde el principio, negando lo anterior, rechazándolo. -No es fácil heredar 40 años de dictadura. -Cierto, pero los 60 y 70 cambiaron tanto este país que ya no podemos pretender volver a los tiempos de la República. -Entonces, ¿le parece que reivindiquemos el desarrollismo? -Fue una solución equivocada. Pero España se transformó inevitablemente, casi sin pretenderlo, como pasa ahora en China. Los cambios han sido enormes: hemos pasado de carreteras mugrientas a tener trenes de alta velocidad. La gente ha cambiado el 600 por el BMW. -Si somos tan ricos, ¿de dónde viene la sensación de deriva? -El país ha engordado mucho, pero su capacidad intelectual ha disminuido. En el momento de nuestro máximo crecimiento económico nos hemos olvidado de potenciar la cultura. Se ve claramente en la universidad: han triunfado los incompetentes, los mandarines... -¿Cuándo comenzó esa deriva? -Posiblemente, en el tránsito entre el primer y el segundo gobierno Aznar. En esa época, la clase política quebró. La derecha se deshizo del tono moderno y europeo adquirido. La izquierda no evolucionó. -¿Y qué pasó en la enseñanza? -Que no se hicieron las reformas adecuadas. Los chicos que están en la universidad son las víctimas de esa parálisis. Llegan a las aulas con un planteamiento emocional. -¿Mande? -Si pregunta a mis alumnos, sabrán contarle todos los dramas de sus futbolistas o cantantes preferidos. Pero, ¡ay!, si les pregunta por la historia de su país... -Nada nuevo bajo el sol. -¡En efecto! El siglo XVI y el siglo XX españoles se parecen mucho: hay una eclosión de mala literatura contra la que Cervantes ya advirtió en El Quijote. Ya lo dijo él: si la novela domina el espectro cultural de un país, ese país ha llegado a su final. Y es lo que ocurre en España: no se potencia el ensayo; las librerías están llenas de «best sellers» espantosos. -¿Entonces, el mal de España es el quijotismo? -Sí, y el triunfo de esa emocionalidad. Ya no hay libros de caballerías, pero sí MySpace con sus chascarrillos. Y a algunos les conviene que así sea: una sociedad sin espíritu crítico es más manejable.

sábado, 22 de agosto de 2009

Lo que dicen y lo que quieren decir de verdad.

Cuando dicen: " Estáis obsesionados con la lengua", en realidad quieren decir: "Esto es lo que hay y sólo os queda tragar".

Planeta donde no existe el nacionalismo y al normal se le llama marciano.

sábado, 15 de agosto de 2009

La culpa fue del chachachá.


José María Sanz, "Loquillo", en El Periódico de Catalunya.


“Me miro en el espejo y soy feliz, y no pienso nunca en nadie más que en mí». Así fue como Parálisis Permanente se presentó al mundo. Su himno a la independencia moral se llamó Autosuficiencia, y eso fuimos nosotros: individualistas, transgresores, hedonistas y algo peor: gente sin compromiso político aparente. Los hippies y sus aquelarres nos parecían el horror; el nacionalismo, el terror, y las discusiones de maoístas y trotskistas, un coñazo. Para nosotros, la vida urbana, cosmopolita, llena de tentaciones y nocturnidad, era el mundo. El país vivía entre ruido de sables y el terrorismo de ETA. El mundo, la crisis del petróleo. Así que nos dedicamos a vivir con intensidad suicida. No confiábamos en el futuro: nadie nos había dicho que lo tuviéramos.
Pese a que las cartas estaban marcadas, nos subimos al escenario. Fuimos la primera generación que, a través del pop, el rock o el punk, escribió sin censuras, reflejando su realidad. Jamás pensamos en acceder al poder ni influir en él. Para eso ya estaban algunos que con el tiempo han conseguido ser arte y parte. Tampoco nos hubieran dejado: el poder es para ellos solos, los del compromiso. Nosotros solo somos los chicos de los 80.
No importaba el día siguiente. Aun así, algunos logramos destacar, pese a que los medios seguían mostrando una España o casposa o vestida de pana. Conectamos con un público que sentía que nuestras canciones eran el reflejo de sus miedos y desesperanzas. Los guardianes de la moral social y política respondieron. Ellos, tan comprometidos con el negocio de la democracia, nos vieron como su némesis.
Ahora, tras la muerte de Antonio Vega, vuelven a darnos lecciones de moral, y nos dedican artículos que jamás escribieron cuando eran necesarios. Con la milonga de que estos chicos de la movida solo sabían ponerse hasta el culo y fueron víctimas de su tiempo, sacan nuestras miserias a pasear, sin contar ni uno de nuestros logros, para poder decir que aquí no ha pasado nada, que la dictadura de lo políticamente correcto ha conquistado sus últimos objetivos y que la movida fue un arrebato de esa España en construcción. Su legado artístico y la generación que creció con él y que hoy paga la crisis, como entonces, les importan una mierda.

jueves, 13 de agosto de 2009

Poder es querer.

Dedicado a todos los que creen que el nacionalismo es imbatible.


Impossible Is Nothing (Mix)

domingo, 9 de agosto de 2009

El toro y la casilla.

Anuncios imposibles en la Catalunya de hoy en día.



domingo, 2 de agosto de 2009

Julio Anguita


"Cualquier vida humana vale más que todas las ikurriñas y todas las banderas de España juntas".

sábado, 1 de agosto de 2009

John Stuart Mill


«Las leyes nunca mejorarían si no hubiese personas de sentimientos morales más altos que las leyes mismas».

John Stuart Mill

Celtadáneos


Sabino Méndez en La Razón.

En estas últimas columnas escritas desde Galicia hablábamos de lo ágil y rápidamente que se han desdicho los gallegos del proyecto nacionalista al comprobar sus resultados. Si la velocidad de enmienda es una característica de los proyectos modernos, podemos decir, a la vista de los hechos, que la modernización definitiva de Galicia avanza de una manera irreversible. Han hecho la prueba del nacionalismo y no les ha convencido. ¿Cuál es el efecto de ese fracaso en los propios nacionalistas? La sociedad les ha dicho que no contaba con ellos para ser gobernada y que no convence su parafernalia de banderas. España, a pesar de ello, no cambiará, básicamente porque ya sabemos que la interesada promoción de un malintencionado conflicto entre regiones es la forma moderna del caciquismo de antaño. Y sabemos también que siempre seguirá ahí, aunque sea en minoría, porque muchos nacionalistas regionales dependen de ese sueldo reivindicativo para llevar el pan a sus casas. ¿Cómo han reaccionado pues esos hiperpatriotas? Dado que, en el otoño de sus vidas y habiendo sufrido los habituales maltratos de la existencia, los humanos tienden a confundir los crepúsculos estrictamente personales con crepúsculos de la sociedad, uno se temía que empezaran a amenazar con futuros agoreros y generales abismos tal como hace el lendakari Iberrinche. Alguno lo ha intentado, pero, en general, al darse cuenta de su triste condición moral de reivindicador profesional, ha preferido renunciar. ¿Por qué? Pues porque en este momento del país, el conflicto general ya no se encuentra entre derechas e izquierdas, entre centralistas y regionalistas o entre PP y PSOE. En todas las instituciones la lucha interior está por fin en un lugar definitivo y claro: entre el sentido de la constructividad honesta y el de la esterilidad oportunista y gesticulante.